¡Qué pasa, kombatientes de Todo Acción! 🐉🔥
Muchos dirán que es una película súper mala, pero es que es un gusto verla. La pelea final entre Liu Kang y Shao Kahn en Mortal Kombat: Aniquilación (1997) lo resume a la perfección: objetivamente es un espanto, pero como artefacto de diversión casposa es una maravilla que alegra cualquier tarde tonta.
La primera película de Paul W.S. Anderson había sido un éxito digno, con un tono noventero muy marcado. Pero para esta secuela le dieron los mandos a John R. Leonetti, y el resultado fue como ver a un puñado de cosplayers pegándose con un presupuesto muy justito para tanta ambición. La joya de la corona es precisamente ese combate final: cuando Liu Kang y Shao Kahn se transforman en unas criaturas generadas por ordenador que parecen salidas de una consola de la época. Ver a esos dos amasijos digitales chocando torpemente es uno de los momentos de peor calidad visual que han pasado por una pantalla de cine.
Y, sin embargo, a mí me da una alegría inmensa volver a verla. Tiene ese carisma de serie Z donde nadie sabe muy bien qué está haciendo, diálogos espantosos y una sobredosis de volteretas con música tecno machacona de fondo. Es un festín para los amantes del cine malo de verdad, de esas pelis que te pones con amigos y unas pizzas para no dejar de reírte. No tiene ni un ápice de pretensión, y eso la hace entrañable.
Venga, confesad: ¿cuántos de vosotros la alquilasteis en el videoclub emocionados y os sentisteis estafados? ¿Creéis que Aniquilación es el punto más bajo de las adaptaciones de videojuegos o le tenéis cariño por lo cutre que es?
Os leo abajo 👇🍿
