El regreso de Gareth Evans al cine de acción física tras más de una década desde The Raid 2 prometía redefinir el género en streaming. Sin embargo, el accidentado estreno de Havoc ha dividido a la comunidad cinéfila de una manera casi sin precedentes.

Tras un infierno de desarrollo que comenzó en 2021, con retrasos masivos por huelgas y regrabaciones interminables, la cinta finalmente vio la luz en Netflix el 25 de abril de 2025. La expectación entre los aficionados al género era absolutamente desmedida.

Como redactor de este blog y alguien que ha devorado cientos de películas de peleas, tiros y persecuciones, tenía marcada esta fecha con fuego en mi calendario. La combinación de Tom Hardy con el director de las coreografías más brutales del siglo XXI parecía un sueño hecho realidad.

Sin embargo, el resultado final nos deja un sabor de boca agridulce que merece un análisis en profundidad. No estamos ante un desastre absoluto, pero tampoco ante la redención de la acción directa y visceral que muchos esperábamos con ansias.

El peso de una herencia inigualable

Para entender la expectación que rodeaba a este proyecto, primero debes recordar el impacto sísmico de The Raid (2011) y su secuela directa de 2014. Gareth Evans no solo descubrió al mundo el arte marcial del Pencak Silat, sino que demostró que se podía rodar acción con mayúsculas.

Aquellas películas indonesias tenían una fisicidad real, con golpes que dolían de verdad al espectador y un ritmo implacable que no daba tregua. Cuando Evans firmó su acuerdo de colaboración con la plataforma de streaming, todos los puristas soñamos con que traería esa misma filosofía.

Pero el salto a producciones de gran presupuesto en Occidente a veces diluye la esencia de los autores más personales. Con esta película, el director se ha topado con las exigencias del algoritmo y las limitaciones de rodar en grandes platós virtuales en Gales.

Ese contraste se nota demasiado en el acabado general de la producción, perdiendo parte de esa atmósfera de peligro real que tanto nos fascinaba. Es inevitable sentir cierta nostalgia por el estilo sucio y directo que Evans manejaba en sus inicios en Yakarta.

De qué trata la odisea del detective protagonista

La premisa de la película es sumamente sencilla, casi un homenaje directo a los thrillers de videoclub de los años noventa que tanto nos gustan. Tom Hardy interpreta a Walker, un detective de homicidios completamente destruido, corrupto y distanciado de su familia.

La trama se dispara cuando un robo de drogas sale catastróficamente mal y el hijo de un influyente político local queda atrapado en el fuego cruzado. Walker es enviado en solitario a rescatar al joven de las garras de las implacables mafias de la ciudad.

En su camino se cruzará con Ellie, una policía novata interpretada por Jessie Mei Li, que se ve envuelta en esta pesadilla durante su primer día de patrulla. Juntos deberán abrirse paso a través de una red de traiciones donde la policía parece estar compinchada con los criminales.

A partir de ahí, la película se convierte en una huida constante por los bajos fondos de una urbe ficticia y sombría que parece existir únicamente de noche. Es un escenario clásico de cine negro donde nadie es de fiar y las balas vuelan en todas direcciones.

 

La brutalidad frente al abuso del gore digital

Si algo sabe hacer bien el director galés, es filmar violencia explícita y dolorosa, y en esta entrega no se corta un pelo a la hora de repartir estopa. La acción es constante, con tiroteos en espacios cerrados que se prolongan tanto que el ruido resulta ensordecedor.

Sin embargo, aquí nos topamos con uno de los grandes problemas de la película, algo que muchos usuarios han criticado duramente en portales como Rotten Tomatoes. Me refiero al uso desmedido de sangre digital y efectos visuales de baja calidad para recrear las heridas.

El director de fotografía habitual de Evans, Matt Flannery, realiza un trabajo de cámara espectacular, moviéndose entre los golpes con una fluidez pasmosa. No obstante, este virtuosismo técnico queda empañado por neblinas de sangre digital que restan realismo a la escena.

En las películas previas de Evans, la sangre y los impactos eran efectos prácticos que aportaban realismo y suciedad a las peleas. Ver chorros de sangre generados por ordenador que parecen sacados de un videojuego empaña el gran trabajo de los especialistas de combate.

A pesar de este molesto detalle, hay secuencias que salvan la función y nos devuelven al director más inspirado. Destaca especialmente una tensa pelea dentro de un coche en movimiento y un brutal enfrentamiento en una cabaña aislada que te mantendrá pegado a la pantalla.

El carisma del actor principal frente a un guión plano

Tom Hardy es un actor que se siente sumamente cómodo interpretando a hombres heridos, hoscos y de pocas palabras que se comunican mejor con los puños. Su interpretación de Walker es físicamente impecable; puedes sentir el cansancio y el dolor de cada golpe en su rostro.

El británico se entrega por completo al papel físico, encadenando derribos, luxaciones y disparos a bocajarro con una brutalidad asombrosa. Su sola presencia física en pantalla sostiene el interés de la película durante los tramos donde el ritmo flaquea a nivel narrativo.

Lamentablemente, el guión escrito por el propio Evans no le da ningún material sólido con el que trabajar a nivel dramático. El protagonista es un cascarón vacío, un arquetipo de policía atormentado que hemos visto mil veces antes y que no aporta nada nuevo.

Lo mismo ocurre con el reparto secundario, donde figuras del calibre de Timothy Olyphant y Forest Whitaker se ven reducidas a papeles planos y caricaturescos. Es una verdadera pena que un elenco tan talentoso quede relegado a ser meros espectadores de la carnicería.

Por qué los enemigos parecen esponjas de balas

Uno de los aspectos que más ha dado que hablar en los foros de cine de acción es la resistencia sobrehumana de los enemigos de la película. Parece que el director ha diseñado a los matones rivales inspirándose en los jefes finales de los videojuegos de disparos.

Ver a decenas de sicarios recibir múltiples impactos de armas automáticas en el pecho y seguir avanzando como si nada rompe por completo la inmersión. Este efecto estira los tiroteos de forma innecesaria, haciendo que algunas secuencias resulten repetitivas al final.

Entiendo que el director busca rendir homenaje al subgénero del cine de acción de Hong Kong, donde el exceso de munición y la exageración son la norma. No obstante, en aquellas obras maestras había una gracia operística y una poesía visual que aquí se echa en falta.

La brecha entre los críticos y la audiencia de la plataforma

El recorrido comercial de este largometraje es el vivo reflejo de cómo funciona la industria cinematográfica en la actualidad. Mientras que la crítica especializada la ha recibido con bastante tibieza, la película se convirtió de inmediato en un éxito absoluto de visualizaciones.

La cinta escaló rápidamente hasta el primer puesto de lo más visto en la plataforma en decenas de países a las pocas horas de su estreno. Si tienes curiosidad por los detalles de producción y su desarrollo, te recomiendo consultar la página oficial de Wikipedia para Havoc.

Esta desconexión demuestra que el público general sigue hambriento de producciones de acción maduras, violentas y con estrellas de primer nivel, sin importar el guión. El gigante del streaming sabe perfectamente qué botones tocar para enganchar al espectador de fin de semana.

¿Un tropiezo o un incomprendido homenaje al cine de videoclub?

Para valorar la película en su justa medida, debemos alejarnos de las comparaciones injustas y analizarla por lo que realmente ofrece. Si entras en la ficha de IMDb de la película, verás que la nota media ronda el aprobado raspado, una calificación justa.

No es una obra que vaya a cambiar la historia del cine, pero sí es un entretenimiento honesto si sabes exactamente lo que vas a ver. Tiene un ritmo constante, una atmósfera oscura muy lograda y una fisicidad que ya querrían para sí otros blockbusters actuales.

Prefiero mil veces que directores con personalidad sigan teniendo la oportunidad de rodar estas carnicerías violentas a que el género quede monopolizado por producciones infantiles. Aunque el envoltorio digital le haya restado parte de su magia, el corazón de la vieja escuela sigue latiendo.

En definitiva, la película es un espectáculo disfrutable pero frustrante, un recordatorio de que ni siquiera los mejores coreógrafos son inmunes al streaming. Si logras perdonar esos horribles chorros de sangre hechos por ordenador y un guión justito, pasarás un rato estupendo viendo a Hardy demoler mandíbulas.

¿Tú qué opinas al respecto? ¿Crees que la sangre digital arruinó la inmersión en las peleas de la película o disfrutaste del regreso del director a pesar de sus evidentes fallos de guión? Cuéntame tus impresiones abajo en la sección de comentarios y abramos el debate. 🎬

 

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Espero que hayas disfrutado de esta crítica honesta sobre uno de los estrenos más comentados y divisivos de los últimos meses en el cine de acción. No te vayas sin leer nuestra selección especial con los títulos más potentes del género de artes marciales modernos, un repaso imprescindible para los verdaderos amantes de la acción física sin trampa ni cartón: Las mejores películas de artes marciales que debes ver antes de morir.